martes, 16 de diciembre de 2014

VIVIR EN LUGAR DE SOBREVIVIR




El ser humano sueña con vivir el día a día con alegría y armonía. Sin embargo, tenemos una tendencia destructiva que nos lleva a sobrevivir en lugar de vivir.
Por regla general, miramos solo hacia nuestro ombligo y mucho de lo que hacemos, está basado en el egoísmo y la envidia.
En el trabajo, hacemos que el ambiente sea rutinario y soporífero la mayoría de las veces. Las criticas llueven y a las primeras de cambio, canjeamos la sonrisa por el enfado o la impotencia.
No concebimos el empleo como algo bueno, si no como algo malo e injusto. Partiendo de ahí, nuestro carácter se forma por una serie de automatismo que hace que nos encontremos hastiados, cansados y de mal humor.
Si en nuestra mente, formamos algo a contra corriente, al final esa circunstancia la vivimos como lo que proyectamos en el pensamiento.
¿Cuántas veces ha llegado el lunes y nos hemos sentido agotados a pesar de dormir como una marmota?
En cambio, hay fines de semana que dormimos menos que un día laboral y nos levantamos con un sonrisa y con una fuerza descomunal.
Este anunciado laboral es solo una evidencia de lo que podemos llegar a construir y destruir.
Estamos de acuerdo que los trabajos no invitan a llevar una sonrisa de oreja a oreja, pero somos nosotros lo que hacemos que algo que pueda ser mejor termina siendo lamentable.
Para eso llego al carácter de cada uno.
¿Por qué el mal ambiente cuando el trabajo es algo conjunto y conviene que todo vaya bien?

Los sentimientos es otro ejemplo.
Estamos con la persona amada y nos cuesta decirle lo que sentimos. Es una locura soltar un te quiero o darle un abrazo de repente a la persona que más quieres.
Ahora bien, ocurre alguna desgracia, y entonces nos falta tiempo para repetir en voz alta lo que se le quiere o admira.
¿Por qué no lo hacemos en vida? Por qué no se grita de vez en cuando?

Con las amistades es otro punto a señalar.
Exigimos a nuestros amigos la perfección, sin ser conscientes que nosotros nos equivocamos tanto como él. Ponerse en la mente del otro, practicar el perdón y recordar y potenciar las virtudes de tu amigo cuando ocurre algo decepcionante, son apartados que pueden ayudar a ser mejor persona, más constructivo y generoso.
Siempre digo, que para querer, hay que quererse.
Para ir a por un sueño hay que creer en uno mismo.
Para recibir hay que dar.
¿Por qué tanto orgullo y tan poca humildad?

En definitiva y a pesar de todos los males de esta sociedad, la llave para que todo esto vaya mejor, la tenemos nosotros y en nuestra forma de encarar la vida.
Por muchos políticos, militares, cardenales... el pueblo siempre ha vencido cuando se ha unido.
Seamos optimistas, creadores de encantos y busquemos que el de enfrente sonría y hagamos que cada amanecer sea una aventura aunque dure pequeños ratos.
Vayamos por este planeta con una sonrisa puesta y demos luz donde la oscuridad muchas veces la imponemos nosotros.
¿Por qué no se expresa el sentimiento si es lo más grande del universo?

Si todo lo hacemos con corazón, estoy seguro que todo iría mucho mejor y que muchos de esos problemas que tenemos, desaparecerían  a través de un genial comportamiento.

Con energía y positivismo.
Con honestidad y empatía.
Con amor.

¿Por qué se relega al amor y se da protagonismo a los lujos y a la apariencia cuando el sentir es lo más hermoso de esta vida?






jueves, 6 de noviembre de 2014

CAMBIA TU INTERIOR, TU ACTITUD Y CAMBIARÁS EL MUNDO.





Siempre se ha dicho que el ser humano se crece ante las adversidades. 
Cuando un golpe inesperado te deja sin destino soñado o cuando una enfermedad asoma en tu cuento planificado. 
Sin embargo, a día de hoy, nos han cortado las alas, precintado la boca y de milagro, no nos han amputado las manos para que no podamos votar. 
Y ahí andamos, sin desplegar el vuelo, sin alzar la voz y pensando en sí es bueno o no ir a las urnas. 
No, no me refiero al 9N, ni mucho menos. En ese jardín no voy a entrar, que hay demasiadas espinas en ambos lados como para que yo vaya deshojando la margarita como si de un solo amor se tratara.
¿Qué hacemos los que amamos a las dos?
Bueno, he dicho que no iba a entrar en ese tema...
A lo que iba; Los tiempos corren y cada vez se estrecha más el camino... por no hablar del estrecho, que como moscas caen electrocutados porque tienen ganas de libertad, de ilusión y de vida. 
¡Malditos hipócritas, que sentencian corazones a punta de boli y papel!

En fin, el caso es que actualmente estamos casi sin aire que respirar y el ser humano, ese que se agiganta ante las circunstancias más graves, sigue adormecido por el miedo y porque se acoge a un refrán que se ha vuelto mandamiento: Mas vale pájaro en mano, que ciento volando...

Reconozco que esta vida es dura, difícil y que los días se han convertido para muchos en una aventura de supervivencia. Sí , para muchos. Personas que no llegan a final de mes, pacientes que se juegan su salud en lugares precarios, trabajadores que se matan por un sueldo retando los riesgos laborales, gente que por edad ya no son útiles para la sociedad y niños que crecen con diccionarios que han olvidado la palabra futuro. 
Pero aguantando lo que aguantamos, seguimos aquí, ¡Vivos! y tenemos la posibilidad de luchar hasta la extenuación y la responsabilidad de elegir como queremos actuar. 

¿Cómo conseguir que el gris cambie por el verde?
De principio, deberíamos creer en nosotros mismos. 
No hay otra. Si este mundo no te gusta, empieza a cambiar desde el lugar que más conoces. 
Cambia tu interior. Tú actitud. Tu forma de enfocar los días... tú energía. 
Canjea el lamento por la construcción de circunstancias positivas. 
Borra la palabra imposible y apuesta por hacer lo que desees hacer, sea lo que sea.
Despierta al amanecer sabiendo que tienes muchas cosas que vivir y echa al olvido todo aquello que reniegas día tras día. 
Se generoso, asertivo, optimista y verás como tu punto de vista se va transformando, aunque las tormentas y los desiertos sigan ahí esperando a que te ahogues o te mueras caminando entre solares.
Ofrece lo que a ti te gustaría recibir; educación, generosidad, cariño y momentos especiales. 
Pelea por tus sueños y no los bautices de fracaso porque te colocan obstáculos y demasiadas cimas, tan altas como confusas. 
¿Quieres tú sueño? Pues lucha y guarda la bandera blanca, que nadie te va regalar nada, porque tus tesoros son más preciados si los consigues tú con tu esfuerzo y talento. 

Te aseguro que si tu comportamiento acepta ese automatismo tu vida irá tomando color, porque no es lo mismo vivir asociado al infierno y al dolor, que a un camino donde cabe la posibilidad de plantar flores y arco iris. 
En general, tenemos muchos súper poderes que hemos enterrado porque hemos dejado crecer sus enemigos por el miedo y el conformismo. 

Lo sé, el universo esta enfermo de muchos males. Crueles injusticias, eternas corrupciones, maltratos disfrazados, etc...
Pero si queremos cambiar este planeta, hagámoslo desde el epicentro de la existencia.
Sí queremos cambiar el rumbo de nuestro destino, hagámoslo desde el motor de que mueve esta grandiosa maquinaria. 
Si, desde nuestro interior. 
Hagámoslo; Disfrutemos de las pequeñas cosas, la belleza diaria, los encantos que recibimos sin ser consciente de ello... Hagámoslo, vamos a caminar con la cabeza alta, con paso firme y dispuesto a enseñar toda la grandeza que tenemos en el alma. 

Siempre he dicho que el ser humano se crece ante las adversidades.
¡Pues crezcámonos!
Ante los problemas, el sufrimiento, los dolores, las angustias, los robos...
Pero también, ante la majestuosidad de la vida, el sentimiento, la esperanza...

Si tú cambias y él también...
Sí yo cambió y tú...
Comprobarás que tu destino tendrá algo más que oscuridad.
Comprobaras que la tierra es un hogar digno para defender.

De ti depende. Afrontar la vida con el vaso vacío o lleno. Sí.. sí, lo digo bien, que a medias no nos sirve. Ya sabes, o los ciento en mi mano o mejor, los dejo volar...
Y todo con amor... siempre con AMOR. 

P.D. He cogido dos margaritas. Por eso de ser justo con mi corazón. 





















martes, 4 de noviembre de 2014

CRITICA: EL JUEZ



El tema jurídico siempre ha sido una fuente recurrente para el séptimo arte.
Me llegan muchas referencias cinematográficas a la memoria, pero sin duda "Matar a un ruiseñor" y "Doce hombres sin piedad" se llevan la palma.
A tal punto, que se ha convertido en un subgénero muy interesante y con múltiples vertientes argumentales. Sin embargo, en los últimos años, han escaseado los films de abogados, estrados y leyes. La película de David Dobkin, es una buena noticia porque oxigena y devuelve esta categoría a primera linea. Pero ya está, no esperéis nada más.
Desde el principio, la historia camina hacia dos directrices: La judicial y la relaciones familiares. 
La realidad, es que "El Juez" ( El titulo ya juega con lo ambiguo; el magistrado como profesional y la figura del padre severo y recto) es una función dramática que se esconde detrás del juramento y de la toga. En su arranque ya enseña sin rubor sus cartas; un compendio de personajes envueltos en la soledad, rencor y dolor. El drama, sin llegar a los excesos, se mantiene hasta el final y deja en segundo plano todo lo que concierne al juicio y al acusado.
Con esos cimientos, la historia podría haber resultado notable, sin embargo, se queda en correcta, pues un cúmulo de tópicos y tics, devalúan la obra, que acaba sosteniéndose por sus dos principales actores: Los inmensos Downey JR. y Duvall. 
A "El Juez" le sobra metraje, humor y música; se hace larga y previsible. Hay instantes que parece un ejercicio serio, con peso y de facturación impecable y otros, donde pierde la esencia y ofrece una imagen débil y blanda. 
Es cierto que tiene momentos brillantes, pero en su conjunto termina siendo una película más de lo que pudo ser y no fue. Renuncia a enfangarse en el alma de los personajes y tampoco arriesga en la parte más judicial. 

"El Juez" es culpable porque tenía mimbres suficientes para hacer una excelente película y es inocente porque logra reunir a dos grandes actores que bordan su papel. 


En definitiva, para pasar un buen rato y poco más.

sábado, 4 de octubre de 2014

CRÍTICA: LA ISLA MÍNIMA


Aves que vuelan por el cielo, testigos de todo lo ocurre en un pueblo de los años ochenta de la España profunda.
Miradas, unas demócratas (Raúl Arévalo) y otras franquistas (Javier Gutierrez).
Silencios que lo dicen todo y mentiras que se convierten en verdades.
La Isla Mínima es una obra que irrumpe con esas premisas y se presenta como un thriller negro, entre la asfixiante ambientación y la política dudosa corrupta.
Desde el principio, queda claro que ambos personajes son el norte y el sur. El primero (Arévalo), es el policía legal que quiere volver a Madrid con su mujer embarazada. El segundo (Gutierrez), es el perro viejo y el que ofrece una personalidad más agresiva y estricta.
Ambos se sumergen en un pueblo donde el fango (Metafórico y literal), los pantanos, la calor y los estigmas más hirientes de la España más triste, se convierten en elementos cruciales para la historia.
Con un guión ejemplar y sin recovecos, nos muestra como la bondad juega al filo del abismo y la maldad puede convertirse en un aliado en función de las circunstancias. Se sumerge en el alma de los dos protagonistas y apoyados por unos excelentes secundarios, reflejan las miserias del ser humano cuando las situación social se arrastra entre la pobreza y el miedo.
Sin respiro, el espectador siente las pulsaciones de una trama que corta el aliento por su crudeza psicológica y su angustia continua. De un ritmo pausado (Excepto en la magnífica persecución nocturna), sin embargo, consigue acelerar las sensaciones a medida que transcurre el metraje sin titubear en ningún momento.
La Isla Mínima es un maravilloso ejercicio de cine negro. Puro, honesto y sin filtro.
Enseña desde los planos aéreos hasta las marismas, un pueblo muerto en vida, que busca una salida sin importarle cómo y por qué.
Después de su aclamada Grupo 7, Alberto Rodríguez se supera y devuelve al thriller el espíritu verdadero de su esencia.
Mención aparte, es el excepcional reparto, donde una magnifica y roba planos, Nerea Barros hace de su personaje un compendio de todo lo que transcurre en la historia.
Aunque sin duda, sus dos protas, consiguen posiblemente la mejor interpretación de su prolíficas carreras.
A destacar, un espectacular, impresionante y brutal, Javier Gutierrez.
La Isla Mínima, ya es parte de la historia del cine.
Una gran obra maestra.


















viernes, 26 de septiembre de 2014

UN NUEVO HOGAR


Llevaba mucho tiempo pensando en crear otro blog.
Algo diferente y fresco, minimalista y sencillo. 
En este nuevo hogar, voy a tratar de ampliar temas y componer un trabajo más variado.
Seguirá habiendo espacio para el sentimiento y la crítica, la reflexión y el pensamiento. 
Pero esta vez, quiero llegar más lejos; A mi voz, a mi corazón y a mis sueños, quiero retratar también un compendio de todo aquello que nos aporte a crecer, a saber, a pensar y a divertirnos.
En esta faceta, la segunda y tercera persona será muy importante. Vosotros vais a ser fundamentales, pues intentaré que seáis cómplices de todo aquello que mi alma maquine.
En definitiva, voy abrir otra puerta para ir en busca de cualquier historia, noticia, persona o experiencia.  
"Un mundo de latidos" es otra aventura llena de pasión que espero que os guste y sobre todo, os enriquezca de una manera u otra.

Como siempre, desde el respeto, la humildad y la transparencia, caminaré para sembrar lo que creo que debe estar siempre en el día a día de esta vida.
Ahora, es momento para la generosidad.
Para saber de proyectos... y de los profesionales.
De las personas! Sus sueños e inquietudes.
Del universo y de lo que se cuece en él...

Para los nostálgicos de mi primer blog, "El despertar de las emociones", no os preocupéis.
Que un loco y soñador no se evapora jamás.
Continuaré allí y aquí, que aunque esta casa se vista diferente y la fachada tenga otro color de pintura, ya se sabe lo que dice el refrán.
Quién tuvo... retuvo.

Nada más, os invito a que paséis y os pongáis cómodos.
Lo tendréis todo a pensión completa.
Venga, vamos allá....

P.D. Porque todo depende de nosotros.