viernes, 30 de septiembre de 2016

OSCILA, COMO DEBE... SER.





Oscila entre la euforia y el desazón.
Un alud de pensamientos se exponen cuando echa las persianas al fina del día. Muchas veces con el viento a favor y otras tantas se encalla en la orilla de un tiempo que se detiene por el miedo a hundirse en el fracaso.

Oscila entre el éxito y la indiferencia.
Un ciclón de ideas se plasman en la delgada linea del horizonte antes de pisar el terreno movedizo que provoca su mente. Sus ojos van velocidad de vértigo y sin embargo, aún no sabe qué altura debe tomar para abrir las alas sin golpe a la vista. 

Oscila entre la luz y la sombra. 
Un paso adelante siempre ayuda, aunque se pregunta si en esa dirección están los tesoros que se inventa cuando la soledad estrangula su intención. Existe la luz, como la boca de lobo que envuelve los sueños que aúllan cuando amanece. 

Oscila entre la seguridad y la duda. 
Como un funámbulo que tienta la cuerda antes de andar entre el aire, el suelo y el cielo. Tantas preguntas para tan poco camino y cuando menos se lo espera, pierde el equilibrio y se adentra en la locura. Luego, ya decide si volver o quedarse donde está.

Oscila entre la rendición o la esperanza. 
Planifica su actitud por tiempos y el verano se lleva la sonrisa y el invierno el chaparrón. Sin embargo, cuando llega la tormenta, el pozo se desborda y las miserias salen despedidas por el vertedero del olvido. Entonces, ¿el invierno no es tan malo?

Oscila entre ser o estar. 
Reflexiona en este instante, pues poco importa el pasado. Es ahora, es hoy, es ya. Qué más da el peso de la balanza cuando descubre que todo lo que oscila pertenece a sus entrañas. Suficiente para ser feliz en una vida de idas y venidas donde no existe el suspenso ni la verdad más refutable.  

Oscila.
Como debe... ser. 



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